marketing y amor

Seducir, Vincular, Movilizar: 3 Verbos Para Transformar Nuestra MARCA En Una AMADA.

por Karen Montalva

El mundo de los negocios cambia y su cambio es constante y acelerado.

Ese movimiento vertiginoso va modificando de manera continua el escenario sobre el cual se desarrollan y crecen las marcas, las compañías y las organizaciones.

La necesidad de romper continuamente con el añejo statu-quo y entender que nuestro mind-set  y ofertas de valor deben ajustarse a los requerimientos de velocidad y flexibilidad que el entorno de los negocios de hoy exige, es un imperativo para todos quienes lideramos procesos, marcas  y negocios.

Las fuerzas de la tecnología, las comunicaciones, la hiperconectividad, las redes sociales, IOT y la robótica, la globalización y localización como tantas otras están modificando las reglas del juego para lograr escalar emprendimientos y mantener vitales y vigentes las marcas líderes.

El que no entiende estas fuerzas y no logra armar su oferta de manera certera, diseñada con centro en el cliente, entendiendo que aún esa oferta que arme debe moverse y transitar a partir de la información que su target va entregando, está literalmente perdido.

Entonces, ¿Cómo destacarnos en el tumulto de marcas y de ofertas? ¿Cómo logramos seducir a nuestro consumidor que se enfrenta a mayor abundancia de productos, servicios y experiencias? ¿Cómo dejamos una huella en el cliente para que éste recuerde, ame nuestra marca y sea nuestro gran promotor?

Es interesante cómo de la complejidad de las fuerzas que imperan hoy, surge un simple principio de efectividad que es transversal a distintos modelos de negocio: EL AMOR.

El desafío es el mismo para todos. AMAR A NUESTRO CLIENTE y este proceso, lograr que nuestra MARCA sea AMADA por él.

El AMOR SEDUCE.

El AMOR VINCULA.

El AMOR MOVILIZA.

Ya lo decía Tim Sander, Director de Soluciones Yahoo:

“No creo que haya nada más grande que el Amor. Quiero decir que no estoy seguro de qué podría haber más allá del Amor, porque el Amor lo ocupa todo. Defino el Amor como la voluntad desinteresada de hacer crecer a la otra persona. A mi modo de ver, si trabajas desinteresadamente para que tus clientes y colaboradores crezcan, eso es Amor verdadero. No conozco una cosa más grande que puedas hacer por una persona.”

El AMOR es el gran desafío.

Humanizar las marcas, acercarnos desde lo emocional, sensorial, co-construir historias con nuestros clientes parece ser el camino.

EL AMOR SEDUCE.

La forma de atraer a los clientes cambió drástica y rotundamente con la incorporación de las redes sociales. Hoy se habla de outbound e inbound marketing. El primero dedicado a ir en búsqueda de nuestro target con metodología y medios tradicionales y el Inbound Marketing enfocado en hacer atractiva la marca, en enseñar y educar a sus clientes, para que esto despierte su interés.   Entendiendo que el Inbound avanza y amplía su aplicación en muchas industrias y modelos de negocio, se hace vital que las compañías encuentren formas innovadoras para hacerse visibles, de lo contrario, la oferta se mimetiza con la abundancia existente. ¿Cómo seducir a un cliente que recibe cientos de “llamados” al día? ¿Cómo innovamos no sólo en la forma, sino que en el contenido para que éste resuene en las emociones de nuestro cliente y tenga cabida él? ¿Cómo hacemos sexy y seductora a nuestra marca?

EL AMOR VINCULA.

Hemos pasado de hablarle y conectar con cliente a través de un medio a buscarlo y procurar conectar con él en múltiples medios. La omnicanalidad nos exige escucharlo para diseñar para él. Necesitamos ponerlo en el centro y vincularnos con lo que piensa, hace, siente, dice, busca, admira, y todo aquello que nos de luces para sorprenderlo y establecer una relación vinculante.  El vínculo está hecho de detalles, de presencia. ¿Cómo estamos presente para nuestro cliente? ¿Cómo le hacemos sentir genuinamente que nos ocupamos de él y que él es, sin dudas, el centro de lo que hacemos?¿Cómo nos vinculamos con él desde la emoción y para crear una historia común?

EL AMOR MOVILIZA.

Nada de lo que podamos hacer tiene validez si el amor que el cliente puede llegar a sentir por nuestra marca no se traduce en compra. Es cuando él compra y nosotros vendemos cuando se cierra el ciclo. Cuando el amor por nuestra marca lo moviliza a la compra y a recomendarnos.

Hoy las ventas, como las compras, han modificado su anatomía. La compra es más informada y está más vinculada a aspectos emocionales que antes. Las ventas por otro lado se hacen más complejas y menos automáticas, requieren la combinación de más elementos y un mayor foco en la relación de largo plazo.

El mundo se mueve hacia uno de mayor consciencia y mayor vínculo. Un mundo en el que los clientes premiarán con fidelidad a las marcas que sean auténticas y que hayan sido capaces de establecer una genuina relación de amor.

Esta entrada fue posteada el Jueves, diciembre 14th, 2017 a las 1:59 pm en la categoría Inicio, Ventas. Puedes seguir este post en el siguiente RSS 2.0 feed.

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